"ESTA VIÑA QUE DIOS AMA"

Artículo semanal de Mons. Sebastià Taltavull, administrador apostólico de Mallorca.




Hablar de «viña» es hablar de «frutos». También supone hablar de «labradores», los trabajadores que tienen la responsabilidad de los resultados. Es nuestra tierra, nuestra Iglesia, nuestro pueblo. Cuando se ponen todas las esperanzas en un proyecto, el gozo mayor es comprobar si el resultado ha sido satisfactorio. Pero hay algo anterior a todo esto, mejor dicho, hay Alguien que ama y cuida la viña, la tierra, la Iglesia, el pueblo, y lo hace con entrañable solicitud. El problema aparece cuando no se ama esta viña y no se reconoce la predilección que Dios siempre le ha demostrado.

El papa Francisco me ha encomendado —junto a todos vosotros— tratar bien y cuidar esta viña, que es la tierra que amamos, la Iglesia que peregrina en Mallorca, nuestro pueblo al que pertenecemos y queremos servir con el Evangelio. Esto pide de todos nosotros amar la tierra, amar la Iglesia, amar al pueblo, como lo hizo siempre Jesús y nos enseña a hacerlo. Y esto pide aún más presencia, más conciencia de trabajo, más horas, más dedicación plena, sin jubilarnos. ¿Cómo queda la viña cuando los labradores no trabajan porque no están o no quieren trabajar?

Muchas veces vamos a buscar uvas maduras y las encontramos verdes o agrias, picadas por los pájaros, invadidas por las moscas o que ya se las comen las hormigas. Ni han madurado ni hemos tenido interés por que maduraran. Sin embargo, también encontramos todo lo contrario, comunidades maduras, familias que se aman, grupos entusiastas, personas entregadas, tierra bien cuidada, pueblos bien servidos con la práctica y el reconocimiento de su dignidad.

Todos estos han entendido bien que el trabajo en la viña nos debe mostrar a quién y cómo amar: «todo lo que hicisteis a unos de estos hermanos míos, conmigo lo hicisteis... todo cuanto dejasteis de hacer en cada uno de estos, también conmigo lo dejasteis» (Mt 25,40.45). El escenario es muy amplio y diverso. La viña tiene unas dimensiones inalcanzables. Pero fijémonos en el pedazo de «terreno» que se nos encomienda cultivar: ¿Trabajamos contentos? ¿Correspondemos bien al encargo de hacer que dé buenos frutos?