"CONTIGO, SOMOS UNA GRAN FAMILIA"

Artículo semanal de Mons. Sebastià Taltavull i Anglada.




Me gustaría que habláramos de la Iglesia como algo propio, como algo muy familiar, algo con lo que me identifico, algo que se traduce en un "alguien" colectivo, en una comunidad viva de hombres y mujeres que creen en Jesús y fundan en Él su amistad y contagian fraternidad. Me gustaría que lo hiciéramos desde nuestra implicación. Y desde nuestra implicación amable, constructiva, corresponsables en la expresión de su identidad y en plena comunión con su misión en la historia y en el mundo de hoy.

La Iglesia, aunque nos proyecta hacia la eternidad, aparece en el tiempo, y, aunque es universal, acontece en un territorio concreto, llamado Iglesia particular o diócesis. La razón es la sucesión apostólica en la persona del obispo. Sin embargo y teniendo en cuenta este fundamento, será necesaria la visión de fe y la pertenencia efectiva y cordial para poder entender su misterio y el lugar decisivo que ocupa en la vida de un cristiano. Esto es lo que hay que asegurar de entrada. De la Iglesia se puede tener una visión sociológica, histórica, arqueológica, mediática, poética, sentimental, emotiva, también especulativa, artística, etc. y ser irreconocible. Hace falta tener una visión sacramental, la que nos capacita para ver en ella con los ojos de la fe y descubrir en aquello que es visible, lo invisible, lo trascendente, Dios mismo.

Os invito, pues, a trabajar esta antigua y siempre nueva "forma de ver". Dios nos hace el don de esta visión que da interioridad y profundidad a la vida, pero también se sirve de mediaciones para hacérnoslo presente. La primera mediación para ver, escuchar y entender a Dios es Jesucristo ("quien me va a mi ve al Padre", dice Jesús) y la otra mediación somos nosotros, la Iglesia, ("el que os acoge a vosotros, a mí me acoge", "Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis", es la identificación de Jesús).

Tanto en un caso como en otro, todo el Evangelio es una invitación a hacer este ejercicio de nueva "visión", de mirar con los ojos con los que Dios nos mira. Se trata de un cambio de ojos (cf. Lc 24, 11-35 = Emaús: "se les abrieron los ojos y le reconocieron". Aquí hay algo importante que retener y que ha de iluminar nuestra visión y experiencia de Iglesia: el encuentro y la decisión por el seguimiento de Jesús. Esta fue la experiencia de los apóstoles, la razón profunda de su seguimiento, su impulso evangelizador y la fuerza definitiva en el momento del martirio. Somos Iglesia, el grupo que sigue a Jesús en este momento crucial de nuestra historia. "¡No tengáis miedo!" –nos dice Él– que "¡Yo estoy con vosotros!". Somos una gran familia, la familia de los hijos e hijas de Dios.