FELICITACIóN DEL OBISPO DE MALLORCA, MONS. SEBASTIà TALTAVULL

¡Felicidades!




Es para mí un gozo haceros llegar unas palabras de felicitación con ocasión de las fiestas de Navidad de 2018, Año Nuevo 2019 y Epifanía, días entrañables de reunión familiar, de celebración cristiana en comunidad y oración, de convivencia social en medio de unas ciudades y pueblos en fiesta. Algo muy especial hay en estos días que tienen tanta capacidad de convocatoria y que giran horarios y costumbres si lo comparamos con la vida de cada día. Días de fiesta de carácter marcadamente cristiano y que los compartimos con toda persona de buena voluntad porque nos aportan ilusión, alegría, paz, solidaridad, amistad, ambiente familiar, buenos deseos y una nueva oportunidad de renovación, comenzando con el año nuevo.

Desde nuestra querida tierra mallorquina, vaya mi felicitación llena de un deseo de paz y felicidad para cada uno, para sus familias, para cada comunidad cristiana y con un abrazo fraternal para todos, especialmente para los que están enfermos o impedidos, que han sufrido alguna desgracia o pasan por momentos difíciles. Como lo hacía Jesús, os digo que contáis con mi oración, mi amor solidario y el de la Iglesia de Mallorca. Os agradezco que recéis también por mí y por esta Iglesia hermana.

Los cristianos proclamamos que la razón de ser de estas fiestas está en Jesús. Dios hecho hombre para ser compañero de ruta de una humanidad que necesita tener un referente fiable para poder caminar con confianza y esperanza. Recuperar a Jesús como guía nos da la alegría de tenerlo cerca, él que nos ha dicho «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo», «no os dejaré huérfanos», «confiad en Dios, confiad también en mí», «vosotros sois mis amigos», «amaos los unos a los otros, como yo os amo», «venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y encontraréis reposo», «quiero que tengáis la alegría que yo tengo»... Id al Evangelio y veréis que todo él está lleno de palabras de vida, de amor, coraje y consuelo; si lo hacéis, ¡habréis encontrado a Jesús! ¡Rezad, habréis encontrado a Jesús! Mirémonos con ternura y ayudémonos haciéndonos servidores unos de otros, ¡habremos encontrado a Jesús!

De él, de Jesús, la Palabra que se ha hecho carne y habita entre nosotros, sacamos el mensaje de Navidad, no hecho de palabras vacías ni tradiciones que han perdido las raíces, sino de la luz de una presencia. «El Evangelio —dice el papa Francisco— habla de una semilla que una vez sembrada, crece por sí misma también cuando el agricultor duerme (Mt 4,26-29). La Iglesia tiene que aceptar esta libertad inasible de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diferentes que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas. La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante... Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todo el mundo, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será para todo el pueblo una gran alegría» (Lc 2,10). ¡Es el nacimiento de Jesús! Dios entra en nuestra historia y nosotros en la suya, una única historia de salvación. Es lo mejor que nos haya podido suceder.

Esta es la Buena Noticia que proclamamos en estas fiestas y que queremos que, con palabras y gestos de proximidad y cariño, os llegue al corazón. Buena y santa Navidad, luminosa Epifanía y un Año Nuevo lleno de la paz del Señor, que tanto necesitamos. ¡Felicidades!

Con todo mi afecto, recibid un abrazo fraternal,

+ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca