CARTA A LA DIóCESIS CON LAS úLTIMAS DISPOSICIONES SOBRE LA COVID-19

Carta del obispo Sebastià a los sacerdotes y diáconos, vida consagrada, laicos y laicas del Pueblo de Dios de la Iglesia de Mallorca.




Hace apenas un mes que se decretó el estado de "normalidad" después de unos meses de confinamiento y de medidas muy estrictas para evitar el contagio de la COVID-19. Hemos abierto las iglesias y poco a poco nos vamos encontrando de nuevo para las celebraciones de la Eucaristía y otros sacramentos, para algunas actividades pastorales, siempre respetando aún todas las medidas de prevención que se nos piden.

Debemos saber que todo encuentro es una situación de riesgo de contagio y, por esta causa, tenemos que ser muy prudentes y cumplir de forma estricta todas las indicaciones. Hacerlo es no solo una actitud de solidaridad y humanidad, sino cristiana y evangélica.

Quiero, al mismo tiempo, agradecer todo el esfuerzo que supone para los responsables de las comunidades el trabajo de hacerlo cumplir a pesar de la dedicación también esforzada desde los diferentes ámbitos de la vida familiar, pastoral y social para atender tantas necesidades, especialmente las de los más débiles y de los que se ven afectados por la crisis económica, que va en aumento. Por todos estos motivos y para tenerlo presente para este tiempo todavía lleno de riesgo y mientras están apareciendo nuevos brotes de contagio, os quiero hacer estas indicaciones y también sugerencias.

1. A partir del lunes, día 27 de julio y por el hecho de pasar al estado de nueva "normalidad" queda suspendida la dispensa del precepto dominical decretada el día 13 de marzo, y se indica la necesidad de la celebración de la Eucaristía "presencial", siempre que no haya un impedimento mayor de desplazamiento u otro motivo relacionado con la salud o la edad. La comunidad cristiana tiene necesidad de encontrarse, pero lo tenemos que hacer poniendo todas las medidas de prevención.

2. Se mantienen las indicaciones dadas en la fase III sobre el aforo del 75% en las iglesias y los lugares de culto, teniendo un cuidado muy especial en determinadas celebraciones, especiamente funerales, donde hemos podido percibir que en ciertos lugares no se cumple del todo la normativa de la distancia física, especialmente en el momento de manifestar el pésame.

3. Se debe mantener la distancia interpersonal y es obligatorio el uso de la mascarilla. Por ello, se recuerda que es obligatorio cumplir en todo momento la medida de mantenimiento de la distancia de seguridad interpersonal como mínimo de un metro y medio entre personas no convivientes.

4. También se mantienen las indicaciones ya dadas en el resto de fases referidas a la desinfectación en las entradas y salidas de las iglesias, así como la distancia aconsejada, tanto entre los asientos como entre las personas en los momentos de transitar dentro de la iglesia y de ir a comulgar. Así, se da cumplimiento a la disposición de las distancias obligadas.

5. Debido a que las colectas prácticamente recogen una mínima parte de lo que se acostumbraba, se sugiere pasar el cepillo después de la comunión, cuando todo el mundo está sentado y hay un tiempo de silencio. El motivo de este momento es que ya se ha recibido la comunión en la mano y en la salida se pueden lavar de nuevo las manos.

6. Quiero insistir una vez más en la necesidad de dar la comunión en la mano. Hemos sabido de sitios en los que no se hace y es necesario corregirlo. Conviene explicarlo bien a los fieles: el motivo es fundamentalmente sanitario e higiénico.

7. Las pilas de agua bendita continuarán vacías, como hasta ahora.

8. Hay que recordar toda la normativa ya explicada en las otras fases referente a la celebración y que afecta al sacerdote celebrante: mascarilla para entrar y salir, lavarse las manos después de comulgar y antes y después de dar la comunión, así como en toda aproximación física que podría ser causa de contagio. Si hay ministros concelebrantes y otros que sirven al altar, deberán llevar siempre la mascarilla, salvo en el momento de comulgar.

9. No será obligatorio el uso de la mascarilla en los lectores durante su servicio, tanto porque guardan la distancia reglamentaria como para facilitar la buena audición de las lecturas. Se recomienda el uso de la mascarilla en los espacios abiertos o cerrados privados cuando haya reuniones o una posible confluencia de personas no convivientes, aunque se pueda garantizar la distancia de seguridad.

10. Las actividades de ensayo o concierto de las agrupaciones corales se pueden llevar a cabo en grupos de un máximo de treinta personas. Estos grupos deben ser estables y plenamente identificables. Los cantantes y los músicos deben utilizar mascarillas, salvo los músicos con instrumentos de viento. Si las actuaciones tienen lugar en espacios interiores, la distancia mínima interpersonal entre cantantes o instrumentistas y público debe aumentar obligatoriamente hasta tres metros, y se debe mantener la distancia mínima interpersonal de un metro y medio entre los miembros del público y el resto de componentes del coro.

11. Por parte de los fieles, se debe llevar la mascarilla durante todo el tiempo, además ahora que se llevará siempre y en cualquier lugar. Es bueno que seamos los primeros en dar ejemplo y ayudemos a los jóvenes a cumplirlo, ya que sin saberlo, pueden convertirse en factores anónimos de contagio entre ellos y para las familias y personas mayores.

12. En las celebraciones de la Eucaristía y en otros momentos de oración tengamos muy presente siempre esta situación de pandemia, orando por los enfermos y por los difuntos, añadiendo la invitación a hacer gestos humanitarios y de caridad para con ellos y sus familiares, como la visita a los enfermos y el acompañamiento del duelo. Ha sido importante y significativo que en las diferentes parroquias hayan celebrado misas exequiales y se haya invitado a la oración.

13. Como ya se ha anunciado, el próximo domingo, día 26 de julio, celebraremos en la Catedral de Mallorca la misa exequial por todos los difuntos de la COVID-19 y por los demás difuntos que ha habido durante todo este tiempo de pandemia. Lo hacemos conjuntamente las tres diócesis de las Islas Baleares y participarán el obispo de Menorca y el administrador diocesano de Ibiza y Formentera.

Quiero terminar haciendo una llamada a la responsabilidad personal y colectiva en este momento todavía delicado para la extensión de la pandemia y por los brotes que en un lugar y otro van surgiendo, lo que hace que no podamos bajar la guardia en cuanto a las medidas que deben evitar todo posible contagio de la COVID-19 entre nosotros. Al mismo tiempo, quiero manifestaros mi agradecimiento y el de toda la comunidad diocesana por todo el trabajo esforzado que hacéis para atender a las personas que pasan por situaciones más difíciles, tanto a nivel sanitario, de duelo o de precariedad económica. Este es un momento en el que más que nunca debemos unir todos los esfuerzos para paliar al máximo el sufrimiento de tantas personas que se ven afectadas y que seamos los miembros de la comunidad cristiana los primeros en ofrecernos y actuar a favor de quienes más lo necesitan. Y, finalmente, no dejemos de orar y de hacer constante invitación a la oración. Las celebraciones de la Eucaristía son una ocasión privilegiada para que, escuchando la Palabra de Dios, encontremos la luz que puede iluminar nuestros pasos y acciones, y el alimento de la Eucaristía nos haga fuertes en la lucha contra todo mal. La comunidad cristiana debe ser un oasis de acogida, de paz, de ánimo y fuerza para todo aquel que busca una respuesta a la situación que vive. Pensemos en aquellas palabras de Jesús "que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,40). Ahora es la hora de los hechos, la hora de la actuación cristiana de un corazón que ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia. Es el programa del cristiano, el programa del buen Samaritano en acción.

Recibid un abrazo fraternal, con todo mi afecto y bendición.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca