CARTA DE PASTORAL PENITENCIARIA EN MOTIVO DE LA VIRGEN DE LA MERCED

El Secretariado de Pastoral Penitenciaria quiere ser portavoz de los privados de libertad en la Iglesia de Mallorca y al mismo tiempo voz de la Iglesia en el mundo de la prisión.




Sabemos que unos y otros tenemos mucho para decir y escuchar

La realidad que hemos vivido estos últimos meses nos ha llevado a cuestionar muchos aspectos de la vida: certezas, límites, libertad ... Se nos han impuesto unas restricciones y límites que han afectado a nuestra libertad. Tal cual lo que los privados de libertad viven cada día de su condena, de su confinamiento. Entrar en prisión es dejar en la puerta lo que llamamos "normal" y caer en un mundo difícil de imaginar hasta que no estás dentro.

La prisión trastorna la estructura mental, psicológica, afectiva, de quien la padece. Nada parece real. Lo inverosímil se convierte en lo habitual y lo más fácil es dejarse llevar por la rutina, la indiferencia, el no pensar... esperando que el paréntesis que se abrió el día de la entrada en prisión se cierre el día de la salida. El recluso, junto con la limitación de la libertad, ve recortadas y a menudo anuladas acciones tan humanas como el trabajo, las relaciones afectivas, la educación de los hijos, el cuidado de sus mayores, el acompañamiento en el dolor y la participación en las alegrías de sus ser estimados. Tal cual lo que tanto hemos sufrido estos meses cuando un ser querido se nos ha muerto y no hemos podido estar a su lado.


¿Qué nos dicen los privados de libertad hoy a nosotros?

Su resistencia, admirable, cuestiona las actitudes pesimistas, conformistas, derrotistas. Su vida en reclusión nos hace apreciar el valor inmenso de la libertad y nos empuja a vivir con celosa pasión. Su vida marcada por la carencia y la privación cuestionan nuestro consumismo. Las largas horas de soledad y de silencio forzados nos invitan a valorar el diálogo, el encuentro, y a callar más que hablar, a interiorizar más que "centrifugar". Que no juzguemos con tanta facilidad, que apliquemos políticas preventivas (educación, sanidad, ayudas familiares, creación de trabajo, ...), que buscquemos alternativas a la prisión con medidas más restaurativas que punitivas.


¿Y nosotros que les decimos?

Que la Pastoral Penitenciaria tiene el encargo de la Iglesia de Mallorca de velar por ellos, por sus derechos, por su dignidad. Que son muchos los cristianos que los tienen presentes en sus oraciones y se sienten interpelados por el mensaje de Jesús (Mateo 25).

Que todos los voluntarios de Pastoral Penitenciaria estamos a su lado para compartir la fe, escuchar la Palabra, animar y acompañar procesos personales orientados a rehacer la propia vida y que también queremos estar al lado de los familiares que sufren su ausencia, afecto... que no olviden nunca que Jesús se identifica con ellos y que María, la madre de Jesús los toma como hijos.

María es la que sufrió exclusión en Belén, emigró a Egipto, sufrió viendo a su hijo encarcelado, juzgado, condenado, ejecutado... Ella que inspiró iniciativas redentoras de cautivos sigue protegiendo aquellos que se encuentran en cualquier peligro y la invocan. El Papa cada año nos invita a tener "más y mejor" cuidado de los más pobres. Este año nos anima a no angustiarnos ni perder el coraje ante situaciones difíciles. Nos invita a tender las manos al pobre, el humillado, al enfermo, al débil, al que llora... A dar voz al grito silencioso (también silenciado) de los que no tienen voz.

En el día de la Mercè y todo el curso rogamos a Dios para que la distancia social no sea excusa para alejarnos aún más de los más pobres, que la mascarilla no nos impida el diálogo ni la comunicación con los aislados y excluidos, que el miedo no nos paralice, que la falta de libertad no empañe el horizonte de los que la sufren.

María, madre de Dios y madre nuestra nos ayudará a abrir ventanas en los muros para ensanchar horizontes de esperanza.

Equipo de voluntarios de Pastoral Penitenciaria