EL OBISPO ANTONIO VADELL PRESIDE LA EUCARISTÍA POR LA FIESTA DE SANTA MARIA LA MAYOR


13 de noviembre de 2017. 11:22h.

En la homilía ha animado a los fieles a acercarse a Jesucristo que es el "buen vino" que da sentido a la vida.



Santa María la Mayor es la madre de todos los 'inquers'. Y así lo han demostrado este domingo, llenando la iglesia que lleva su nombre para celebrar la fiesta de su amada Virgen. Una fiesta a la que, como ya se ha convertido en costumbre, se han querido sumar también muchos fieles del resto de pueblos que conforman nuestra Unidad de Pastoral. La fiesta ha tenido un tono solemnísimo porque, además, ha sido presidida por el obispo auxiliar de Barcelona, ​​hasta hace poco párroco de la agrupación, monseñor Antoni Vadell.

Después de leer el Evangelio, que hablaba de la conversión del agua en vino en las bodas de Canaan, monseñor Antoni Vadell ha hecho reflexionar a los fieles sobre el significado de este gesto. En primer lugar, ha centrado la atención en María, la madre que se da cuenta de que hay un problema, oculto para la mayoría, pero que preocupa y mucho a los novios: se les ha acabado el vino. Y ella, María, sabe quién puede resolver este problema, su hijo Jesús. María es quien descubre cómo estamos, lo que nos falta, y nos ayuda constantemente a pedirlo al Señor. En segundo lugar, explicó que la falta de vino representa la experiencia que nos puede suceder cuando "la vida se agua, se vuelve insípida", quizá porque nos encontramos sobrepasados ​​por las circunstancias o las heridas y nos alejamos de Dios. "Continuamos haciendo las cosas -explicaba- pero el corazón carece del buen vino, que es el Señor, el vino de la fe, y todo se vuelve sin sentido y una carga pesada". Vadell ha invitado a todos los presentes a acercarse más a Jesús, el buen vino, que hace que incluso los momentos difíciles tengan un sentido. Nuestra misión, dijo, es "saborear el buen vino y darlo a probar a los demás". Porque tenemos que estar cerca del Señor personalmente, pero también como comunidad.

Monseñor Vadell ha agradecido también la invitación a presidir la Eucaristía de la fiesta de Santa María la Mayor y aseguró que la tarea de cada uno como servidores del reino es "hacer lo que el Señor nos diga". Ha reconocido que "el Señor ha tenido un gran atrevimiento" al enviarlo a Barcelona, ​​donde no lo puede controlar todo, sino que debe fiarse de otras personas. Y ha pedido la oración de todos los cristianos para no "despistarme de mi misión y no caer en las tentaciones que amenazan un obispo".

Monseñor Antoni Vadell ha estado acompañado en la celebración por un grupo de sacerdotes franciscanos y diocesanos inqueros, así como por el rector de la Unidad de Pastoral, Carles Seguí, y el diácono y prediaca de la Unidad de Pastoral. El coro parroquial de Santa María la Mayor ha acompañado la eucaristía con sus cantos litúrgicos. Se ha interpretado, además de los gozos e himnos de Santa María la Mayor y la Coronación, la pieza Gaudete in Domino Semper, dedicada a monseñor Vadell. En el ofertorio, los Cossiers de Inca han bailado en honor a Santa María la Mayor. Y al final de la celebración, ha intervenido la Unión Musical Inquera. Al terminar la eucaristía se ha procedido a la tradicional suelta de palomas en la puerta de la iglesia. Y todos los asistentes se han felicitado con un refrigerio.

Con esta celebración han concluido los actos de conmemoración del 50 aniversario de la Coronación Pontificia de Santa María la Mayor. Un evento que mosén Pere Fiol ha recogido en un libro que se ha puesto a la venta este mismo domingo y con el que los compradores contribuyen a sufragar las obras de la iglesia.


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