CRISTO HA RESUCITADO Y NOS DICE: "NO TENGÁIS MIEDO"


01 de abril de 2018. 12:35h.

La vigilia pascual expresa el paso de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida nueva en la resurrección de Jesús.



La Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo es la parte medular del triduo pascual de la Pasión y Resurrección de Cristo, y consecuentemente la culminación del año litúrgico. La víspera del Domingo de Pascua, precedido por la "madre de todas las vigilias", como se la conoce popularmente, es la parte final del triduo, el cual comenzó con la cena del Señor, el Jueves Santo, pasando por la conmemoración de la Pasión de Jesús en la cruz.

Si durante el día del Sábado Santo la Iglesia aún es de duelo por la muerte del Salvador, por la noche estalla de alegría. Se realiza la bendición del fuego nuevo y del agua, lecturas, letanías, la profesión de fe y bautizos de feligreses.

La celebración comenzó en el exterior del templo, donde se bendijo el fuego nuevo, de las brasas del cual se encenderá el Cirio Pascual -Luz de Cristo- que efectivamente simboliza al mismo Cristo resucitado.

Tras la procesión de entrada se entona el Pregón pascual, antiguo himno alusivo a la noche de Pascua que habla de la gloria de la Resurrección de Cristo, que rodeará toda la liturgia de esta noche. Luego continúa con la Liturgia de la Palabra, en la que se proclaman siete relatos del Antiguo Testamento alusivos al plan salvífico de Dios, intercalados con salmos o cánticos del Antiguo Testamento y oraciones que se intercalan entre lectura y salmo.

"En medio de todas las oscuridades de la vida, que estos días hemos contemplado y asociado a la muerte de Jesús, presente en tantos crucificados de siempre y de hoy, esta es una noche para la esperanza", afirmó Mons. Taltavull en su homilía. Una noche, también, para la caridad, "cuando muchas personas y familias sufren todavía el azote de la crisis económica". El tiempo pascual que se inicia con esta celebración, continúa, "debe ser un tiempo de gracia, un tiempo de disfrutar de la presencia del Señor que se nos aparece constantemente, un tiempo de lectura y práctica del Evangelio que nos alimente y nos fortalezca, un tiempo de celebración y oración, de gozo y de fiesta, de profunda amistad entre nosotros, abriendo el corazón y haciéndonos cercanos a tantas personas que necesitan compañía, calor humano, ayuda, alegría, ánimo y consuelo."

El tercer símbolo tiene lugar cuando toda la Iglesia renueva sus promesas bautismales, se bendice la pila bautismal y se recita la letanía de los Santos que nos une en oración con toda la Iglesia.


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