Felicitación de Navidad del obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull


24 de diciembre de 2019. 12:02h.

¡Muchas felicidades!



Navidad es un momento fuerte de celebración de nuestra memoria histórica que nos remite al origen del cristianismo. Navidad es el momento clave que marca el inicio de nuestro calendario, en el que el año litúrgico señala los acontecimientos y las fiestas más importantes de esta memoria cristiana. Para mí y para la Iglesia de Mallorca es un gozo y motivo de felicitación para desearos que lo celebremos con el espíritu festivo que se merece y hagamos partícipes a tanta gente como nos sea posible. El bien siempre tiene que contagiarse y difundirse.

Con la sencillez con la que los pastores y los reyes magos encuentran a Jesús después de buscarlo, somos invitados a hacer lo mismo y tener la suficiente humildad para dejarnos guiar. Por eso, ¿qué estrella nos guía? ¿Por qué luz nos dejamos iluminar? Jesús ha dicho: «¡Yo soy la luz del mundo! El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12). Que nos lo recuerde la belleza de tanta luz en las calles y en las casas.

Sin embargo, ¿dónde encontramos hoy a Jesús? Lo encontramos a lo largo de la historia humana, en la cueva de Belén y puesto en un pesebre. Lo encontramos niño, en el corazón de la vida de familia. Lo encontramos adolescente explicando a sus padres el sentido de su vocación. Lo encontramos adulto, escogiendo a sus colaboradores –los discípulos– y dejándose acompañar por ellos por los caminos de Palestina. Con ellos, se ha hecho cercano, presente en casas y pueblos, atendiendo a cualquier persona y curando a los enfermos, haciendo caso de los más pobres, liberando a los pecadores. Así, ha restituido la dignidad humana de todos los hombres y mujeres, proclamando que son felices los pobres, los humildes, los que tienen hambre y sed de ser justos, los compasivos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por ser justos (cf. Mt 5,1-11). Lo encontramos perseguido, condenado a muerte y resucitado, vivo para siempre.

Aun así, Él mismo ha ampliado las dimensiones y las ocasiones de nuestro encuentro con Él, cuando se ha identificado con los que en nuestro mundo lo pasan peor: los que tienen hambre y sed, los forasteros, los despojados de todo, los enfermos y los que están en la cárcel. Jesús valora cada vez que nos hemos puesto a su lado, hasta decirnos que se identifica con ellos: «Todo lo que hacéis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hacéis» (cf. Mt 25,31-35) Y, en consecuencia, todo lo que no hacemos con ellos, tampoco lo hacemos con Él. Navidad nos abre los ojos a esta otra cara de las fiestas que no podemos esquivar. Y, sobre todo, lo encontramos en la Palabra, en la Eucaristía y en los sacramentos, momentos de gracia, de auténtico encuentro, fuente de alegría y fiesta.

En ocasión de esta Navidad, Año Nuevo, Epifanía, y valga para todo el año, os deseo que con palabras y hechos lleguemos a este grado de amor, de solidaridad y de empatía con todo el mundo, suprimiendo de palabra y de hecho toda exclusión humana y deterioro del entorno ecológico. Todos somos responsables del momento que vivimos y de la tierra que habitamos. Amémoslo todo y propongámonos un estilo de vida más evangélico, para que entre todos construyamos una nueva convivencia que vele por la dignidad de los niños y jóvenes, de los adultos, ancianos y familias. Jesús, Dios hecho humanidad entre nosotros, se ha adelantado a señalarnos el camino, a recorrerlo con nosotros y con todo hombre y mujer de buena voluntad que se sume a vivir juntos esta aventura cristiana.

Por ello, NOS FELICITAMOS y nos deseamos MUCHOS AÑOS DE VIDA, comenzando por el que ya está a las puertas, el nuevo año de 2020. Que la luminosa Epifanía nos abra a todas las dimensiones de nuestra vida y de nuestra tierra, siempre respetadas, defendidas y promovidas a favor de la persona humana, primer centro de atención y actuación de Jesús, siempre en nombre de Dios que es Padre y nos ama entrañablemente con amor infinito.

Con todo mi afecto, recibid un abrazo fraternal.


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