Presentada la nueva Carta Pastoral del obispo Sebastià Taltavull


23 de enero de 2020. 14:39h.

Encontrarás la carta pastoral íntegra en la sección PDF.



"Bautizados, confirmados y enviados. Entre dos abrazos y como molinos de viento plantados en esta tierra de misión". Es el título de la carta pastoral que ha visto la luz y que nos ofrece el obispo Sebastià al inicio de este curso.

¿Qué es una carta pastoral?
Es un documento, más o menos extenso, dirigido a toda la diócesis, donde se contienen consejos generales, líneas de actuación, ideas, instrucciones... Es una carta abierta, donde no se habla de todo ni mucho menos, y que entre todos seguiremos escribiendo desde la experiencia que cada uno tiene de su vivencia cristiana.

A cada capítulo le sigue un cuestionario para que sea trabajado personalmente o en grupo y una oración, a fin de seguir ampliando la reflexión hecha. El texto parte de una metáfora: Somos como molinos de viento, plantados en esta tierra de misión que Dios ama, molinos de todos los estilos y formas: a pleno rendimiento, a media marcha, restaurados, parados, con pocas o sin aspas, medio derrumbados, del todo deshechos o casi desaparecidos. Una metáfora que nos hace pensar en la necesidad que tenemos de un soplo fuerte de aire fresco que impulse nuestra vida, provocando aquel movimiento que debe ayudarnos a vencer la tibieza y eliminar la pereza.

20 capítulos nos marcan el camino que como Diócesis empezamos ya a caminar.

Desde el bautismo y la confirmación, somos una misión en medio del pueblo. Fomentemos y practiquemos la espiritualidad de comunión. Debemos ser conscientes de que estamos en un cambio de época: "No podemos seguir pensando que tenemos que seguir haciendo las cosas porque toda la vida lo hemos hecho así", dice la Carta. Por eso esta carta nos propone poner en práctica los dones recibidos, saber recibir y querer dar. Para ello, vayamos al Evangelio, a lo que es lo esencial.

Todo esto solo se puede conseguir trabajando en equipo, creando comunión, relacionándonos en red. En este sentido, el acompañamiento de la familia y de la comunidad cristiana serán primordiales.

Llegamos así a las estructuras que posibilitan este cambio. Estas solo tendrán sentido cuando estén orientadas al servicio del Evangelio y de las personas. Así, se creará un dinamismo evangelizador que actúa por atracción. Pero evitemos una tentación frecuente: La mundanidad espiritual.

Si ponemos la evangelización de las personas en el centro, veremos la necesidad de dar un paso importante: laicos disponibles a asumir cargos directivos y de acompañamiento en la Iglesia. Además, la misión encomendada al laicado tiene lugar en el corazón de nuestra sociedad, entre la gente: "Jesús dijo a sus colaboradores: «Id», nunca dijo «esperad a que vengan»". Así, habrá que trabajar el estilo evangélico de los agentes de pastoral y de los organismos diocesanos.

Todo ello nos llevará a vivir en comunidad y celebrar la Eucaristía juntos. Y sin olvidar la dimensión social de la Eucaristía, el sacramento de la caridad, la verdad del amor.

Viviremos así un auténtico ambiente de comunidad, adecuado para una nueva época y un tiempo nuevo que pide conversión personal y pastoral, porque la vida cristiana no se puede vivir de forma individual. Por ello, "nos encontramos escenarios de siempre y también campos nuevos que deben ser atendidos de forma urgente". Decimos que nuevos tiempos demandan respuestas nuevas, como nuestro compromiso ecológico y el cuidado de los bienes de la Creación o la pastoral del duelo.

La parroquia es la Iglesia entre las casas, iglesia doméstica, familia de familias. Debemos creer en la validez de la parroquia y trabajar la pastoral de la proximidad, como presencia eclesial en el territorio, comunidad de comunidades, espacio de celebración y caridad. En este sentido, el consejo parroquial personifica la pluralidad de carismas con una unidad de misión que es la parroquia.

Este curso se empiezan a trabajar también las orientaciones pastorales para una Iglesia en salida y samaritana. Y con ellas, "ni actitudes prepotentes que crean distancia ni exigencias de rebajas que nos hacen poco serios. Lancémonos a la calle, cercanos a la gente, allí donde el Evangelio debe ser descubierto y anunciado".

"¡El clero, pastores según el corazón de Dios, delante, en medio y detrás el rebaño, siempre al servicio de todos, atentos y velando!" Es el título de otro de los capítulos de la Carta. El presbiterio es y debe seguir siendo un espacio de fraternidad, lugar de la comunión eclesial para la revolución de la ternura.

Para tal es imprescindible cuidar de las nuevas generaciones que llegan, y con ella una mirada de afecto a nuestro Seminario y a la Vida Consagrada. Una mirada también de corresponsabilidad e implicación personal en su marcha. En cuanto a la vida consagrada, valorar el gozo de una misma misión, partiendo de la especificidad del carisma fundacional pero atentos a la realidad que cada día espera nuevas respuestas.

Entre ellos, tantos religiosos y religiosas que, al amparo de Mallorca Misionera, han salido de nuestra tierra para ir a servir a los más pobres y llevarlos Jesús.

Una vocación a recuperar y promocionar es el matrimonio, definido como la máxima amistad. Merece un tratamiento especial, por lo tanto, acompañar, discernir e integrar la fragilidad humana que ayudan a la familia.

En cuanto a la acción social, querer una iglesia samaritana nos debe marcar profundamente y debe proyectar todo nuestro trabajo en cualquier espacio y situación de la diócesis: "Tenemos que hablar incansablemente de derechos humanos y deberes, libertad religiosa, cultura del encuentro, migrantes y refugiados. Y trabajar la inclusión social de los pobres, porque existen entre nosotros nuevas pobrezas".

En cuanto a los derechos humanos, la Iglesia tiene que poner las bases para asegurar la prevención, la máxima protección y una cuidadosa y firme educación que ponga a la persona y a su dignidad en el centro de todo. Sin embargo, existe la cuestión de la dignidad de las personas y el deber humanitario de atender a quienes pasan por situaciones tan dramáticas como los migrantes y refugiados. No podemos quedar pasivos ni dejarnos infectar por el virus de la indiferencia.

El deseo es llegar a la santidad. "Santos de la puerta de al lado", como los define el Papa Francisco. Y es que, incluso en los momentos más difíciles, se forjan actitudes propias de santos: "Seamos una misión, un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio"


0 COMENTARIS