Mons. Sebastià Taltavull, en la Misa del Gallo de la Catedral: «Se tiene que unir al amor la esperanza, además y a pesar de todo, la confianza en las reservas de bien que tiene cada pueblo»


26 de diciembre de 2020. 12:00h.

El Obispo recordó las víctimas y los afectados por la pandemia y destacó la tarea de los profesionales que luchan diariamente



La misa de la noche de Navidad de este 2020, marcada por la crisis sanitaria, se ha celebrado con las iglesias más vacías que en años anteriores, y con las medidas para evitar contagios, pero igualmente las parroquias e iglesias de Mallorca han celebrado la Misa del Gallo, las Matines de Nadal, con toda la ilusión y esperanza que implica celebrar el nacimiento de Jesús. Se han tenido que adaptar a las medidas establecidas por las autoridades sanitarias a causa de la pandemia. El toque de queda a las 22h ha obligado a avanzar la hora de la mayoría de las celebraciones y todas las iglesias han cumplido con el aforo máximo del 30%, con la distanciación correspondiente y las medidas higiénicas establecidas. Precisamente a causa de estas restricciones, en muchas ocasiones las Matines se han retransmitido streaming, a través de las redes sociales, y también por los medios de comunicación, para que todo el mundo pudiera participar de la celebración, de manera presencial o telemática.

En la Catedral de Mallorca, la Misa del Gallo se avanzó a las 19h, cuando habitualmente se celebraba a las 23h. Presidida por el Obispo de Mallorca, Mons. Sebastià Taltavull, a la celebración de la Seu asistieron cerca de 400 personas, el aforo máximo permitido por la situación sanitaria. El Obispo, en la homilía de la misa de la noche de Navidad de este año tan difícil recordó e hizo un reconocimiento a todas las persones afectadas y víctimas de la pandemia: «Las más de 80.000 personas de nuestro país que nos han dejado, más las 454 en nuestras Islas», haciendo una mención especial a todas aquellas personas que durante estos meses han muerto en la soledad y no han podido ser acompañados por sus familiares: «ancianos y ancianas que se han ido en silencio, sin recibir el afecto familiar de los últimos momentos y quienes en el momento de ser enterrados no han podido contar con aquella mirada de amor que quedaría grabada en el corazón de alguien que se ha sentido querido. En este momento y es de agradecer, también tengo que decir que muchos han visto sustituida la presencia familiar y han contado con la oración de la Iglesia en el cementerio y después a la parroquia», expresó el Obispo.

Mons. Sebastià Taltavull también reconoció de una forma muy especial la implicación de todos los profesionales en combatir la pandemia y hacer llegar a todo el mundo las necesidades básicas: «miles de médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, con todo el personal sanitario, trabajadores y trabajadoras de los hospitales, clínicas, ambulancias y farmacias, todo el mundo relacionado con la medicina, la pastoral de la salud y del luto..., que no han dejado en ningún momento de estar en pie de trabajo y, en muchas ocasiones, haciendo más de lo que la profesión les obligaba». Recordó también que se han acercado a Jesús todos aquellos que se han hecho presentes a una ciudadanía necesitada de víveres, del pan de cada día, ya sea en los mercados, tiendas y restaurantes, o repartiendo aquello más básico en los lugares de reparto de comida, de ropa o de ayuda económica con el drama de quienes no han cobrado los ERTE o no han podido disponer de la renta mínima o por cualquier motivo han visto rebajadas sus pensiones. También recordó el trabajo de quienes nos rigen y de las autoridades sanitarias, al orientar a la población de cara a que todos seamos responsables y evitamos contagios.

El Obispo se refirió al misterio de la noche de Navidad, el misterio más grande, un misterio de amor de Dios a la humanidad. «Dios, manifestado en Jesús, todo amor a todo el mundo sin diferencias de preferencia de unos sobre otros, aunque con una prioridad por los más pobres porque son quienes más lo necesitan. La más buena noticia que nos puede llegar y que, hoy, en esta Navidad nos llena de alegría y de esperanza en medio de la situación de pandemia que no nos deja tranquilos. Aun así, aquello que parecía imposible ahora se hace realidad de la manera más inaudita».

Acabó pronunciando unas palabras del papa Francisco, de su encíclica Fratelli Tutti: la política une al amor la esperanza, la confianza que hay en las reservas de bien de cada pueblo, a pesar de todo. Y pidió que todos pongamos de nuestra parte, «asumiendo cada cual la propia responsabilidad para conservar bien estas reservas de bien que tiene cada pueblo y tenemos cada cual y que, sobre todo convirtamos este tiempo de incertidumbre que vivimos en una nueva oportunidad para reforzar los vínculos de amistad, de confianza, de hermandad, de solidaridad y de esperanza».

En las Matines de la Catedral de Mallorca se pudo disfrutar del canto de Sibila, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde hace 10 años, interpretado por Raquel Ribas, y acompañado por el organista de la Catedral, Bartomeu Mut. En esta celebración también cantó por primera vez la nueva Capilla de la Seu, dirigida por Raúl Martínez. Gabriel Castillo, de la escolanía de Vermells de la Seu, recitó el Sermón de la Calenda.


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