«Este tiempo de Cuaresma nos proporciona nuevos oasis donde encontrar el agua que nos puede saciar del todo, la que Jesús nos da»


18 de febrero de 2021. 12:00h.

Empieza la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, la cual ha presidido el Obispo de Mallorca en la Catedral



El Obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, presidió la eucaristía en la Catedral de Mallorca con motivo de la celebración del Miércoles de Ceniza, a la cual se impuso la ceniza a los presbíteros concelebrantes y a los fieles que participaron de ella. Con la imposición de la ceniza, «venimos a rezar, a recibir la ceniza, a pedir al Señor que nos perdone. A decir que ante la malicia, no responderemos con la misma moneda, sino con el perdón», expresó el Obispo.

Así se inicia la Cuaresma de este año, un tiempo que, tal como afirmó Mons. Taltavull, «a pesar de que hace que nos movamos en el desierto, nos proporciona nuevos oasis donde encontrar el agua que nos puede saciar del todo, cuando la queremos tal como Jesús nos la da». El prelado destacó que no solo en este tiempo de Cuaresma, sino en nuestro día a día, tenemos que intentar buscar el agua que Jesús nos ofrece. Y esta «solo dará resultado si luchamos contra toda apariencia e hipocresía, si rogamos con toda sinceridad y discreción y no nos dejamos vencer por el orgullo ni traicionamos al primero que no piensa como nosotros ni favorece nuestros intereses».

También hizo referencia al mensaje del papa Francisco para la Cuaresma, que nos pide «que renovemos la fe, la esperanza y la caridad, y que lo hagamos con el ejercicio de la oración, de la austeridad del ayuno y de la generosidad de la limosna, gestos todos imperados por el amor». Un amor, destacó el Obispo, siempre solidario. «De no ser así, no tendría ningún sentido cualquier cosa que hiciéramos», afirmó.

En la carta que el Obispo ha publicado para la Cuaresma, siguen los detalles de esta propuesta. Se puede leer aquí.

Del mismo modo, todas las parroquias de la diócesis han celebrado misas con bendición de la ceniza que se imponen en la cabeza de los fieles. Se trata de un signo muy antiguo, de carácter penitencial, que marca el inicio del tiempo litúrgico de la Cuaresma.

En el siglo XI, el papa Urbano II "recomendó la imposición de la ceniza a todos los fieles como signo distintivo de la inauguración de la Cuaresma, como símbolo del recuerdo de la muerte pero también de la buena nueva del Evangelio.

En este día, el Evangelio explica las prácticas cuaresmales recomendadas, que son la mayor escucha de la Palabra de Dios, la oración, el ayuno y la limosna.


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